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Por Sergio Cerecedo

Dentro de la oferta actual de cine nacional, si hay un género o conjunto de temáticas en crecimiento en cuanto a oferta en cartelera es el cine fantástico y el terror en sus diferentes vertientes, desde falsos documentales, slashers, y por supuesto el llamado folk horror, que retoma todas esas leyendas que como mexicanos, alguien nos dijo de niños para entretenernos o traumarnos o las dos cosas.

De entre los entes marinos, ancestrales, malignos que hay por el mundo, el que le tocó al lago de Pátzcuaro es la Miringua, un ente mágico que se presenta disfrazado de mujer o a través de alguna ilusión llamativa para los pobladores de la isla, especialmente a quienes pescan de noche. Los ataques de la Miringua se alternan con varias historias que suceden en el mismo espacio temporal, entre ellas la de un hombre enamorado de una mujer misteriosa, un triángulo amoroso juvenil, una bronca entre dos chicas en la que una clama venganza, y la aparente locura de algunos de sus pobladores que han visto al monstruo pero al estar la mayor parte del tiempo alcoholizados, nadie les cree.

Algo muy acertado en la unión de estas historias es resaltar la improbabilidad del actuar del monstruo, el no saber a quien va a atacar y a quien no ni porqué lo hace, no hay una especie de valentía contra lo desconocido o de búsqueda de explicación que acompañe a un héroe, los sustos no son fáciles y a la primera si no que son construidos por una narración inquietante que va en incremento, en todo momento hay una sensación de desasosiego un tanto pesimista en la cual se percibe que la miringua es tan parte del pueblo como la pesca misma y que su actuar es impredecible, pues a momentos parece parar con sacrificios a la usanza de las leyendas antiguas y a la vez no, como en “No country for old men”, donde los personajes bienintencionados no son tan poderosos y hábiles como para someter al mal que se cierne sobre el lugar. El que las historias no se entrelacen y no haya una especie de reunión entre las personas afectadas para saber qué sucede como lo habría en una escritura más convencional también realza esta sensación de que cada quien vive estos miedos, amenazas, o su propia vida desde el ignorar lo que pasa alrededor, dando la noción de que son un pueblo junto pero no unido realmente.



El trabajo de casting y selección de actores es muy atinado, aunque las historias son cortas y vemos muy poco a algunos personajes, todo el reparto está espléndido en lo que le toca, tanto quienes son profesionales como los actores naturales, lo cual Nito ya había probado en “Huachicolero”, aunque no tengan el acento de la región, los diálogos son totalmente creíbles y los personajes siembran empatía desde los jóvenes enamorados e impulsivos hasta los más viejos con su sabiduría, pasando por aquellos a quienes alcanza la locura, cada mirada importa y hacen que el trabajo destaque y que la parte coral de la película brille.

Siempre me hace muy feliz ver una película que le saca provecho a todos los recursos que tiene, el diseño de producción es admirable por la dificultad de llevar a cabo muchas secuencias con elementos lago adentro, dando a la cámara lo que necesita para inquietarnos, que nos creamos las historias. Que a través de sus encuadres y de algunos casi efectos kuleshov donde aparentemente se repite el mismo encuadre abierto un par de veces en la película con mínimas variaciones nos haga sentir el espacio protagonista, sus tradiciones, paisajes y modos de vida sin ilustrarlos desde el folklorismo fácil. En cuanto al espacio sonoro, la textura de los incidentales es bastante sutil cuando tiene que serlo, e impactante cuando la escena lo permite, aunque extrañé una mayor presencia de los ambientes en algunas partes donde, por el contrario, la fotografía explora mucho el espacio, así mismo, la musicalización hace un buen trabajo a pesar de utilizar en su mayoría cuerdas frotadas, que pueden volverse un cliché muy fácil del género, pero que son enriquecidas con texturas de otros instrumentos. Hay una decisión también muy valiente y expresiva con un par de baladas gruperas que aparecen en una escena de fiesta, si uno pone atención no encajan con el tipo de baile que se ve que están haciendo , pues se nota que a los extras se les dió un trazo con algo más movido, pero sin embargo funcionan por el tono de la escena y lo que intentan proyectar de los personajes, además de pertenecer a grupos de Michoacán y Guanajuato de mucho arraigo en el gusto popular, de esos datos que solo se pueden conocer viajando por la región, en un autobús jorullo o flecha amarilla para ser exacto.



El ritmo narrativo entre la edición y la dirección se sigue con facilidad y no cansa., lo único en lo que encontré un área de oportunidad es en el poco desarrollo de las subtramas, entendible por las propuestas pero el abarcar mucho también nos permite ver muy poco de personajes con los que conectamos rápido sin necesidad de hacer trucos fáciles de guión para engancharnos, hay unos que simplemente desaparecen cuando nos habían generado interés, como el líder de los pescadores o la abuela con conocimientos de la magia antigua y de protección.

Edgar Nito y su equipo muestran un avance notable con respecto de su película anterior y también el arraigo a las historias de la región del bajío que no solamente es espacial, si no que se nota en el tratamiento del guión y el dialoguismo y eso es de aplaudirse no usar los escenarios como mero turismo, si no situar las ideas y la mente fuera del centro del país.