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Por Sergio Cerecedo

Acaba de llegar a las pantallas esta nueva película de José Manuel Cravioto, un director que se ha mostrado versátil al acometer tanto series de ciencia ficción (La adaptación mexicana de el colapso), películas de suspenso (Corazonada, Invitación a un asesinato) , ahondando en diversas temáticas y tono, sin embargo, desde su ópera prima “Olimpia” demostraba algunas inquietudes temáticas y estilísticas (Animación, el tema de los movimientos sociales en los años sesentas) que aquí también se ven reflejadas en un tono muy diferente, ya que su abordaje del festival de Avándaro y sus organizadores es marcadamente distinto a lo hecho previamente, el temor de muchas personas era ver una visión blanqueada y superficial del asunto, y aunque sí es el punto de vista de los inversionistas y no de las personas que vivieron el impacto social, funciona de manera ligera y como una película de género con contexto. si damos esa concesión y nos enfocamos en sus evidentes virtudes técnicas, pasamos un gran rato.

El foco de esta película, si permutamos un poquito el contexto histórico y económico, son dos emprendedores con dinero y mucha ingenuidad que desean empezar negocios propios fuera de la agencia de publicidad donde trabaja uno y del seno materno privilegiado del otro, ambos tienen tanta confianza en su proyecto de exhibición de autos clásicos y carreras de automóviles que se encuentran documentando todo en cine, así que esto nos es contado como pedazos de falsos documentales, inicialmente del que ellos mandan a hacer, pero que después se vuelve el collage de grabaciones de la gente, las cámaras de transmisión que estuvieron en el evento. Ellos pretenden que dentro de las carreras haya algunas bandas de rock para grabarlas y televisarlas entre las pausas comerciales, pero hubo gente que… como decía aquél; “tenía otros datos” así que, la elección que ingenua o despreocupadamente hace Justino tanto del encargado de reclutar a las bandas como de las bandas mismas genera que todo el interés se centre en el rock, el resultado es conocido por todos.


La propuesta visual y de montaje es muy dinámica, remarcando el exceso y saturación de color que toma un poco del lenguaje MTV, la revoltura de formatos entre digital y analógico es interesante, los brincos crean un ritmo muy raro que en la primera hora no decae, delimitando muy claramente los tres momentos de la película, aunque el tramo final sea un poco de menos interés por parecer más una cruda moral de los personajes que el ahondar en las consecuencias con coherencia en el humor. Lo que sí es que por momentos parece también no tomarse en serio las decisiones estilísticas para su propio bien (En una parte dan a entender que todo seguirá en blanco y negro, vemos la transición, pero luego volvemos a color, nuevamente intentando un chiste). Inclusive la escena inicial con un grupo de hippies pidiendo direcciones en una iglesia está filmado de forma ingeniosa. El plano sonoro también juega mucho a favor de la verosimilitud, ya que sí sentimos la diferencia entre cuando los personajes hablan con normalidad, cuando están en un micrófono y la espacialidad en la que se desenvuelven los personajes.

“Autos , mota y rocanrol” crece por su carácter de autoparodia, si bien pocas cosas en la vida son tan hilarantes como los modos y hechuras de los mirreyes, el tipo de humor no podría entenderse mucho sin el auge actual del stand up, de hecho por momentos me recordó a los Sketch de “Llamando al santo” (similares a los de backdoor) donde personajes ficticios como una fresa aspiracionista (Encarnada por Diana Bovio antes de sus papeles más conocidos) o un profesionista freelance que nos muestra con una sonrisa como debe aguantar vivir en el hacinamiento. personajes cuyo efecto cómico es el decir cosas con mucha seguridad para luego desacreditarlas, mirreyes haciéndose los de barrio, ironizar sobre sí mismos y lo que son y no son, al poner esto en manos principales de gente que sí actúa y que no solo se interpreta a sí misma le da otro matiz al asunto que, sin volverse actuaciones super memorables, cumplen y dan de sí, Emiliano Zurita como Justino Compeán es hilarante y se sale de lo acartonado o excesivamente serio de sus personajes anteriores, mucho de esto se debe a que la elección de personajes es acorde a su registro, a lo que pueden dar sin demasiado método.



El reparto parece pasársela bien y hay un buen contrapunto en los personajes que muestran seriedad: Fermín Martínez y José Salof como los militares equilibran y exacerban, también Juan Pablo de Santiago como el director del detrás de cámaras del festival ofrece un humor similar al deadpan, pues siempre se muestra serio pero sus intervenciones marcan el punto de película dentro de la película con momentos de risa loca, tratando de registrar un proyecto exitoso que lo será…. pero no por las razones pensadas o deseadas. En los puntos flacos puedo detectar una indecisión de si hacer o no una película coral, ya que el personaje de Iannis Guerrero a pesar de sus buenos momentos no cumple con más que ser la fuente de tergiversación que genera que las carreras queden en último plano, de igual manera actuación de Ruy Senderos como un rockero divo que está inspirado en Javier Bátiz es demasiado forzada dentro de un personaje escrito para dar lástima pero que no la da con la suficiente gracia.

Para poder creernos la época y divertirnos con ella,ayuda en demasía un esmerado y estilizado diseño de producción que da un estilo marcado a cada personaje, los efectos visuales y ambientación están muy bien logrados, salvo por un green screen algo gacho y falso de la superposición del hermano del personaje de Speitzer, aunque sale apenas dos o tres segundos. La recreación de la época es tangible y gozosa.

De los productos audiovisuales que hemos visto sobre el festival de Avándaro, aquí se nos presenta una versión que no es socialmente comprometida y de carácter político, si no una película divertida y que despliega recursos técnicos de manera inteligente y lucidora, aunque quizás se quedó en lo fresa del oficialismo y falla en destramparse más y dejarse ir por completo, es de entenderse que se autoasume como el punto de vista de quienes no vieron el festival como un éxito o un suceso histórico de importancia para sus contextos, si no fallido y motivo de quiebra económica y problemas, sí es, en cierta manera una visión de personajes perdedores que, ya viendo la derrota, la gozaron en su momento. Al final la situación de los hechos históricos y personales de los protagonistas es manejada con algo de solemnidad, lo que el resto de la película no había tenido y se llega a sentir que tiembla la mano con las últimas consecuencias, pero aún así, hace pasar un rato muy agradable y no echa en mano de la nostalgia, si no de no dejar títere con cabeza a la hora de burlarse del pasado.